Carta de un gamberro de barrio
Obra: El Juramento y otros relatos | Autor: Francisco Candel | Tipo de texto: Narrativo | Etapa: Secundaria | Lecturas: 2161
Compartido por: @sabad el 2011-05-13
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Nena: tú eres una señorita, pero me gustas. Yo no sé escribir. Y no sé cómo te me voy a declarar. A mí me hubiera gustado que hubieses sido una chavala de mi barrio. Entonces no hubiera habido problema. Al Frasquito no hay quien se le resista.

Te hubiera visto en cualquier baile, y en un descanso o entreacto hubiera gritado: "¡Ey, al primero que baile con ésta le romperé los morros!". Y nadie te hubiera sacado a bailar ni dicho: por ahí te pudrás. Esto es impepinable. Y tú hubieras sucumbido y venido a mí. Pero ahora no sé como hacerlo.

O te hubiera aguardado cualquier noche en cualquier esquina, y cuando hubieras pasado a comprar, te habría cogido de un brazo y dicho: "Oye, niña, ¿es que no me conoces?" Y a continuación, un besote. Y tú, ¡bah!, te habrías desmayado. Estoy harto de hacerlo y sólo una se puso a chillar. Pero a su padre le rompí la cara.

Sin embargo, contigo, no sé qué hacer. He ido a misa de diez, a la de los chiquillos, y después de ella me he quedado mirando cómo dais clase a los chavales del catecismo. ¿Cuántos dioses hay?, le preguntaste a un crío hace dos domingos. Y el chico no supo qué responder. Yo hubiera contestado: dioses, no sé; pero diosas, sí: una, tú. A ver qué hubiese pasado. ¡Cómo desearía ser crío!

Una vez te seguí cuando ibas a buscar el autobús. Llevabas un capuchón con unos botones que parecen palitroques de madera. No eres como las novias que he tenido. Incluso eres muy flaca. Pero no lo puedo remediar. Me vuelves chirolo. En fin. Te seguí. Tú andabas a grandes zancadas. Ni siquiera removías el trasero. Entonces fui y te hice: ¡Chiiii! Cuando te volviste, te guiñé un ojo. Ni te pusiste encarnada. Sólo me dijiste: "Es usted un grosero". ¡Mmmmmm! Te hubiese comido.

Dime qué tengo que hacer para que te fijes en mí, para que te des cuenta de que existo y además me quieras, si no, para qué. Los amigotes me dicen: Con ésa no hay nada que hacer; ésa tiene muchos cuartos. A mí me parece que eso no es demasiado problema. Yo también tengo dinero. Y podría tener más si me lo propusiera. Cada verano, a las turistas les saco lo que me da la gana. Lo que pasa es que yo no abuso. Incluso una se me quiso llevar a Alemania. Pero yo pensé: ¿qué voy a hacer toda mi vida con semejante palo? Tú también eres un palo; pero tú eres un palo chachi, bonito.

El domingo me acercaré a ti, cuando estés dando el catecismo, y te alargaré esta carta. Al otro domingo iré a buscar la contestación. No me cabe la menor duda de que sabrás comprenderme. ¡Estoy loco de contento y creo que voy a reventar!



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