Cuando la casa duerme
Autor: Carlos Asorey Brey | Tipo de texto: Narrativo | Etapa: Primaria | Lecturas: 1168
Compartido por: @sabad el 2013-11-18
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Era de noche y todos los habitantes de la casa se habían ido a dormir.

En el salón, en la cocina y en las habitaciones reinaba el silencio.

Hasta que de pronto…

-¡Ay, qué cansada estoy! -exclamó una silla-. ¡Todo el día he tenido gente encima!

-Yo sí que estoy hecho polvo -dijo el viejo sofá-. Sobre ti sólo se sienta una persona, pero sobre mí se sientan tres. Y nuestros dueños no están precisamente delgados…

-Pero encima de mí se ponen de pie para llegar a sitios altos -contestó la silla-. Y los niños me matan a golpes. Tanto que tengo una pata dolorida y cojeo un poco.

-Eso no es nada -intervino la mesa-. Yo sí que me encuentro realmente mal.

-¿Tú? -preguntaron extrañados la silla y el sofá-.

-Encima de mí ponen todo tipo de cacharros –dijo la mesa-. ¿Recordáis qué pasó durante la comida? Primero me tiraron la sopa encima y me quemaron. Después tiraron la jarra del agua y casi cojo un resfriado. Luego me rayaron al cortar el pan. ¡Tengo la piel destrozada!

-A vosotros os fastidian a ratos –habló una librería-. Pero yo cargo con estos libros día y noche.

-No te quejes –le contestó un armario-. Por lo menos tú cargas cosas interesantes y necesarias. Yo voy a reventar cualquier día de la cantidad de trastos inútiles que me meten dentro.

-¡Uf! Pues yo estoy tan caliente que echo humo –se quejó la televisión-. Llevo todo el día encendida.

-Pero por lo menos tú te diviertes viéndote a ti misma -dijeron el armario y la silla, a un tiempo.

-¡Me duelen todas las tuercas! -exclamó la lavadora desde la cocina-. Llevo todo el día dando vueltas.

-¡Cof, cof, cof! –tosió la aspiradora-. Estoy harta de tragar polvo. Tengo la garganta irritada.

-¡Ay, ay! ¡Estoy para el arrastre, vaya día! –gimió la alfombra desde el suelo-.

-¿Queréis dejar de quejaron? –Se oyó entonces la voz gruesa y potente del frigorífico-. Hemos sido fabricados por los humanos para ayudarlos. Debemos cumplir nuestra función y, si nos tratan bien, durar mucho tiempo. ¡Venga, os invito a todos a cenar!

El frigorífico abrió su puerta y mostró los exquisitos alimentos que contenía: la sopa que sobró de la comida, el pescado de la cena, ricas verduras y mucha fruta.

Todos comieron abundantemente para reponer fuerzas. Y, luego, se fueron a dormir. Al día siguiente le esperaba una fura faena.



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