El humor absurdo o surrealista.
Charlie y la fábrica de chocolate (fragmento)
Obra: Charlie y la fábrica de chocolate | Autor: Roald Dahl | Tipo de texto: Narrativo | Etapa: Primaria | Lecturas: 18817
Compartido por: @sabad el 2011-05-24
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Una noche, cuando Charlie entró a ver a sus abuelos, les dijo:

–¿Es verdad que la Fábrica de Chocolate de Wonka es la más grande del mundo?

–¿Que si es verdad? –gritaron los cuatro abuelos al unísono–. ¡Por supuesto que es verdad! Santo cielo, ¿es que no lo sabías? ¡Es cincuenta veces más grande que cualquier otra!

–¿Y es verdad que el señor Willy Wonka es el fabricante de chocolate más inteligente del mundo?

–Mi querido muchacho –dijo el abuelo Joe, incorporándose un poco más sobre su almohada–, ¡el señor Willy Wonka es el fabricante de chocolate más asombroso, más fantástico, más extraordinario que el mundo ha conocido! ¡Creí que todos lo sabían!

–Yo sabía que era famoso, abuelo Joe, y sabía que era muy inteligente...

–¡Inteligente! –gritó el anciano–. ¡Es más que eso! ¡Es un mago del chocolate! ¡Puede hacer cualquier cosa, todo lo que quiera! ¿No es verdad, queridos?

Los otros tres ancianos movieron afirmativamente la cabeza y dijeron:

–Absolutamente verdad. No puede serlo más.

Y el abuelo Joe continuó:

–¿Quieres decir que nunca te he hablado del señor Willy Wonka y de su fábrica?

–Nunca –respondió el pequeño Charlie.

–¡Santísimo Cielo! ¡No sé qué me ocurre!

–¿Me lo contarás ahora, abuelo Joe, por favor?

–Claro que sí. Siéntate en la cama junto a mí, querido niño, y escucha con atención.

El abuelo Joe era el más anciano de los cuatro abuelos.Tenía noventa y seis años y medio, y ésa es una edad bastante respetable para cualquiera. Era débil y delicado como toda la gente muy anciana y apenas hablaba a lo largo del día. Pero por las noches, cuando Charlie, su adorado nieto, estaba en la habitación parecía, de una forma misteriosa, volverse joven otra vez.Todo su cansancio desaparecía y se ponía ansioso y exaltado como un niño.

–¡Qué hombre es este señor Willy Wonka! –gritó el abuelo Joe–. ¿Sabías, por ejemplo, que él mismo ha inventado más de doscientas nuevas clases de chocolatinas, cada una de ellas con un relleno diferente, cada una mucho más dulce, suave y deliciosa que cualquiera de las que puedan producir las demás fábricas de chocolate?

–¡Es la pura verdad! –gritó la abuela Josephine–. ¡Y las envía a todos los países del mundo! ¿No es así, abuelo Joe?

–Así es, querida mía, así es.Y también a todos los reyes y a todos los presidentes del mundo. Pero no sólo fabrica chocolatinas. ¡Ya lo creo que no! ¡El señor Willy Wonka tiene en su haber algunas invenciones realmente fantásticas! ¿Sabías que ha inventado un método para fabricar helado de chocolate de modo que éste se mantenga frío durante horas y horas sin necesidad de meterlo en la nevera? ¡Hasta puedes dejarlo al sol toda una mañana en un día caluroso y nunca se derretirá!

–¡Pero eso es imposible! –dijo el pequeño Charlie, mirando asombrado a su abuelo.

–¡Claro que es imposible! –exclamó el abuelo Joe–. ¡Es completamente absurdo! ¡Pero el señor Willy Wonka lo ha conseguido!



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